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Introducción
En el mes de mayo de 1899 el P. Lluís Adroer, Provincial de los jesuitas pertenecientes a los territorios de la antigua Corona de Aragón, llamó a un joven estudiante jesuita catalán, Jaume Pujiula Dilme y, mientras le hablaba del deseo que tenía de fundar un conjunto de centros que favorecieran el diálogo entre la ciencia y la filosofía, le dijo: “Haga un matrimonio perpetuo con la historia natural: me gustaría que se dedicara al estudio de los límites entre la biología y la filosofía.” De este diálogo nació un maridaje que tuvo como hijos la extensa obra reconocida internacionalmente del P. Pujiula en el campo de la embriología, con todas sus implicaciones en el campo de la deontología médica.
Jaume Pujiula nació en Besalú (Garrotxa) el 22 de agosto de 1869, hijo de un segundón de una familia campesina; a los diez años empezó a ir a la escuela y en 1887 ingresó en el Noviciado de la Compañía de Jesús de Veruela (Zaragoza). Tras una larga formación humanística en la que estudió espiritualidad, filosofía y teología, fue ordenado sacerdote en 1904. De acuerdo con la conversación antes mencionada, en 1906 fue a Innsbruck y estudió un semestre de zoología con el Prof. Heider y de botánica con el Prof. Heinricher. Después pasó a Viena, al Instituto Embriológico, dirigido por el célebre Prof. Wiesner; allí permaneció tres semestres que culminaron con la defensa de su tesis doctoral titulada Die Frage der Riesenzelle bei der Entwicklung der Maus, en la que demostró de manera definitiva el origen de determinadas células placentarias, en contra de las teorías materialistas dominantes en aquel momento.
En agosto de 1908 regresa a nuestro país y se instala en un pequeño espacio del primer piso en el edificio que había construido en Roquetes (Baix Ebre) el P. Eduardo Vitoria, en cuya planta baja ya funcionaba desde el 1905 el Laboratorio Químico del Ebro. De hecho, toda la primera planta había sido pensada en la mente del P. Antonio Iñesta, Provincial jesuita de aquel momento, para acoger un laboratorio de biología. Por el momento estaba casi llena de libros y cajas del laboratorio químico, de modo que el P. Pujiula empezó a trabajar con el primer doctorando en un espacio de unos cuarenta metros cuadrados; eran los primeros latidos del Laboratorio Biológico del Ebro. De eso hace ahora cien años. Poco a poco, desembarazada la primera planta e instalados los aparatos correspondientes, en octubre de 1910 abrió las puertas a un buen grupo de estudiantes el Laboratorio Biológico, plasmación de aquella idea del P. Adroer de once años atrás.
En 1916, siguiendo a su hermano en el campo de la química, el Laboratorio Biológico se traslada a Barcelona y recibe el nombre de Instituto Biológico de Sarrià. Aquí son muchos los profesionales, sobre todo médicos, farmacéuticos y naturalistas, que acuden a recibir las enseñanzas del P. Pujiula, que les transmite sus profundos conocimientos en el campo de la embriología y también de las técnicas modernas de citología e histología; al mismo tiempo valoran en él su recto criterio moral en cuestiones que tocan tan de cerca la vida humana. Empiezan a publicarse tesis doctorales dirigidas por él y realizadas en los laboratorios del Instituto. Trabajador infatigable, dirigió más de cien tesis doctorales a lo largo de su dilatada vida.
En 1921 la Real Academia de Medicina de Barcelona lo acogió como miembro numerario y posteriormente fue su presidente durante seis años.
En 1941 la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid lo incorporó como académico numerario y miembro del Instituto de España. Para que pudiera serlo, hubo que modificar un artículo de los estatutos de la Academia, según el cual sólo podían ser académicos numerarios los residentes en Madrid. En 1957 el gobierno de Madrid le otorgó la Gran Cruz de Alfonso X Sabio.
En 1934 empezó a colaborar en el IBS el P. Joan Puiggròs Sala, nacido en Rubió (Anoia) en 1899 y formado en las Universidades de Berlín y Viena en el campo de la bioquímica y de la microbiología; de este modo se diversificó el campo de investigación del Instituto y se abrió la línea de las fermentaciones industriales, en la que el P. Puiggròs logró notables hitos en la preparación de diferentes tipos de sustancias activas desde el punto de vista farmacológico.
A finales de los años cuarenta se integró en el equipo del IBS el P. José Pertusa Gas, nacido en Orihuela (Alicante) en 1906; se especializó en los estudios de embriología en el Departamento de Embriología del University College de Londres, en el que leyó su tesis doctoral titulada Studies on morphogenic movements in the chick blastoderm; siguió su investigación en este campo y llegó a ser un maestro muy apreciado en la técnica preparativa de muestras para la observación microscópica.
El fundador del laboratorio, el P. Jaume Pujiula, murió el 15 de diciembre del 1958, pocos meses después de la muerte de sus colegas del IQS, el P. Eduardo Vitoria y el P. Salvador Gil. Dejaba por escrito en multitud de publicaciones una obra ingente en el campo de la embriología animal y vegetal y en el campo de la teratología. Había sido fiel hasta la muerte a su matrimonio con la biología, contraído sesenta años antes. La vida matrimonial había sido intensa: más de doce horas diarias, siete días a la semana, de trato con su esposa; son frases de él: “Estas paredes del laboratorio son mi sepulcro” y “trabajar hasta reventar”. En efecto, trabajó intensamente hasta ocho días antes de su muerte. A su entierro acudió una buena representación de la clase médica y académica catalana.
Con la muerte del padre y fundador, el IBS se quedó huérfano de un referente excepcional y se empezó a ver claro que la unión de los dos Institutos, el Químico y el Biológico, podría potenciar la creación de un departamento importante de bioquímica.
Finalmente, en abril de 1966, el P. General de los jesuitas, el conocido P. Pedro Arrupe, en conversación con el P. Pere Ribas, Provincial de los jesuitas de Cataluña, le comentó: “Creo que hay que pensar en crear en el Instituto Químico una sección especial de bioquímica, hoy de gran interés científico y a la vez tan importante desde el punto de vista apostólico; la unión del IBS con el IQS es la que puede dar lugar a la creación de esta sección.” La fusión de los dos centros se llevó a cabo en agosto de aquel año.
El P. Puiggròs prefirió continuar sus trabajos de investigación sobre procesos fermentativos en un centro del CSIC de Madrid. El P. Pertusa, en cambio, con su colaboradora, la Sra. Assumpció Rambla, se integró en el IQS, en el que siguió impartiendo cursillos sobre observación microscópica de preparados vegetales y animales. Le ayudaron en esta tarea la Dra. Mercè Durfort, el Hermano Gregorio Villamana y el Sr. Juan Gallego.
Aquel deseo del P. Arrupe ha tardado cuarenta años en hacerse realidad. Cuando ahora, en el 2007, poco antes de iniciarse el centenario de aquel humilde Laboratorio Biológico del Ebro, el IQS inaugura los locales y los estudios de biotecnología, no empieza de cero; no hace más que recoger una idea largamente madurada y experimentada con varios intentos durante todos estos años. Algunas de las secciones que forman este nuevo Departamento –Bioquímica, Biotecnología, Biomateriales y Microbiología– tienen nombres con una tradición centenaria en nuestros centros.
Esa es la razón por la que publicamos en facsímil este libro, una de las obras más emblemáticas del P. Jaume Pujiula. Lo hacemos como un homenaje a él y a su obra que ha permitido, muchos años después, inaugurar con confianza y conocimiento de causa este nuevo Departamento de Biotecnología, que enriquece con savia joven la vida centenaria del Instituto Químico de Sarrià
Lluís Victori i Companys, SJ
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