El Libro del centenario 

        

 


 
> El autor
    Lluís Victori i Companys, SJ:
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Prólogo


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El IQS y la industria química en Catalunya y España

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El rey Juan Carlos I y el IQS

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Asociación de químicos
 

> Edición a cargo de
    Ramon B
alasch
 

 

 

 

Para más información:
RAMON BALASCH (667 550 590 o
rbalasch@clipmedia.net)


> Raimon en el IQS:
    la lucha antifranquista
  
 













En líneas generales, a lo largo del período que comentamos, el ambiente entre los alumnos era de gran satisfacción por los estudios que realizaban y de excelente relación entre ellos y con sus Profesores.

Con todo, la actuación de los alumnos fue bastante agitada en los últimos años del franquismo, aproximadamente de 1965 a 1975. Vamos a dedicar unas líneas a este tema.

En estos años los alumnos estaban muy sensibilizados por los acontecimientos políticos en nuestro país; por otra parte, sus compañeros de otras Facultades les acusaban de estar estudiando en un “Colegio y no en una Universidad”, pues no se unían a sus reivindicaciones. Todo esto, añadido a la presencia en nuestras aulas de buenos líderes “revolucionarios” y a la presencia de alumnos matriculados de manera exclusiva con el fin de crear agitación (que sólo se les veía por clase los días que había que organizar algún “acto”), creaba un ambiente de malestar e inseguridad que incidía seriamente en las relaciones entre Profesores y Alumnos. Hubo épocas en que, al empezar la clase, el Profesor no sabía cómo acabaría, ni tan siquiera si acabaría. A menudo, a las 10 de la mañana había asambleas de estudiantes y ya después se consideraba acabada la jornada lectiva, pues los alumnos iban a concentraciones o acciones en la calle.

Cabe destacar los tres actos más importantes dentro de esta agitación casi continua:

- En Marzo de 1966 hubo la célebre “capuchinada”, Constitución del Sindicato Democrático de Estudiantes de la Universidad de Barcelona, en el Convento de los Capuchinos de Sarrià. Asistieron estudiantes, intelectuales y políticos; entre ellos se encontraban dos profesores del IQS y unos cuantos estudiantes. Después de dos días de encierro, con agrios debates entre el Gobernador civil, el Superior de los Capuchinos y el Arzobispo de Barcelona, la policía obligó a salir a todos los encerrados y todos quedaron fichados, con las consiguientes represalias posteriores.

- El 15 de Noviembre de este mismo año de 1966, en los campos de deporte del IQS, se celebró un concierto del cantautor Raimon, muy popular entre la juventud de aquellos años por sus canciones de protesta. Asistieron más de dos mil estudiantes de todas las Facultades de Barcelona, con el consiguiente enfado del Gobernador civil que instó, sin éxito, al Director del Centro para que prohibiera el acto.

- En mayo de 1972 tuvo lugar, también en el Campus del IQS, una Asamblea de todo el Distrito universitario de Barcelona. Dicha Asamblea había sido prohibida taxativamente por el Gobernador civil y se celebró en el IQS por considerarse un lugar menos vigilado por la policía que el resto de Facultades. La reunión celebrada un lunes fue preparada con toda discreción y el domingo anterior aparecieron por las calles cercanas al IQS unas señales misteriosas que, luego se supo, indicaban la escapatoria de emergencia de los asistentes, caso que hiciera presencia la policía; esta ruta estaba basada en que el Instituto tenía una salida de seguridad en la parte posterior del edificio que la policía no conocía.

El día de la Asamblea se personó la policía y vigiló las calles alrededor de la entrada principal del Instituto. Hubo escenas de violencia, pues algunos estudiantes hostigaron a la policía tirándole piedras desde la azotea; hubo algún tiro al aire. Finalmente la policía esperó en la puerta del Instituto a que salieran los responsables del acto; al cabo de mucho rato se dieron cuenta de que no estaban dentro, sino que habían salido cautelosamente por la puerta trasera. El Director volvió a tener problemas con las Autoridades. Todos estos hechos trajeron consigo que el Gobierno se mostrara poco propicio a favorecer al IQS y, al contrario, a poner todas las trabas posibles a sus aspiraciones. Para citar algunos ejemplos, vale la pena recordar que después de la “capuchinada”, el Subdirector del Colegio Mayor Loyola, P. Luis Tuñí (el Director era el mismo del IQS, P. Ferrer Pi) y un grupo de colegiales escribió una carta de protesta al Gobernador civil, expresando su descontento por la, actuación de la policía. La respuesta del Gobernador fue fulminante: llamó al P. Ferrer Pi y en un tono descortés y agresivo le amenazó con graves sanciones al IQS. La cuestión se calmó por la intervención de D. Joaquín Buxó, Presidente de la Diputación de Barcelona y Presidente del Patronato de Industrias IQS, hombre muy influyente en los altos círculos gubernamentales.

En una reciente entrevista personal con el P. Ferrer Pi, tuvo mucho interés en contar la siguiente anécdota. Vamos a transcribirla con sus mismas palabras:

“Estando yo en Madrid, en una visita rutinaria, me telefoneó el P. Sanz Burata, que era el Subdirector, y me comunicó que sin permiso ni previo aviso habían invadido los jardines del IQS varios miles de universitarios, la mayoría estudiantes de otras Facultades. Acababan de entrar también muchos policías al saberse que iba a dar un concierto el famoso Raimon. La policía pretendía que los estudiantes se dispersasen. Recomendé al P. Sanz Burata que procurase no ponerse en contra de los estudiantes y que se guardara el orden. No ocurrió nada desagradable y después de la actuación de Raimon, se lanzaron algunos gritos y se marchó todo el mundo. (Hasta entonces no había ocurrido nada semejante en otras Facultades porque estaban estrechamente vigiladas por la policía).

Como era de esperar, pronto me informé que el Consejo de Ministros había deliberado sobre lo ocurrido y acordó que el Ministro de Justicia, D. Antonio Mª de Oriol, manifestara al P. Pedro Arrupe, General de los jesuitas, su desagrado por la manera de actuar del IQS.

Pasadas unas semanas fui a ver al Ministro de Educación, D. Manuel Lora, y estuvimos hablando de los asuntos académicos pendientes en un clima agradable, como lo era siempre con D. Manuel. Yo noté que mi interlocutor quería decirme algo; y habló de los acontecimientos del IQS: lo dijo con mucha suavidad, delicadeza y a medias. Vi que él lo que quería era poder decir al Gobierno que había cumplido amonestándome. Nos despedimos con el afecto de siempre. Era D. Manuel; era un Señor”
.

En la vida interna del Instituto había un continuo malestar que no favorecía la adecuada concentración que exigen los estudios. Se citarán aquí algunas anécdotas que se consideran más sobresalientes e indicativas de lo que estaba ocurriendo:

– Un grupo de alumnos había montado secretamente en un lugar poco accesible del IQS una pequeña fábrica de cócteles molotov, para utilizarlos después en sus acciones callejeras. Por cierto que, dada su situación, como decía, poco accesible, a punto estuvo de que se desarrollara una auténtica tragedia un día en que se declaró un incendio en la “fábrica”. A partir de aquel día la “planta” dejó de producir.

– En algunas asignaturas existieron durante un tiempo relativamente corto los llamados “censores de examen”. Eran dos o tres alumnos aventajados, que gozaban de la confianza de sus compañeros y que estaban encargados de evitar los “abusos de autoridad” de los Profesores. Su misión consistía el dar el visto bueno a las preguntas de un examen. Cuando el Profesor repartía el cuestionario, nadie lo tomaba hasta que los censores indicaban que era correcto. De lo contrario, abandonaban el aula sin realizar el examen.

– Cualquier acontecimiento, por pequeño que fuera (asignación equivocada de un aula de examen, error involuntario de un Profesor en clase, una respuesta algo desairada de una autoridad del Centro...), podía ser motivo de una huelga indefinida de todos los estudiantes. En este sentido y como vivencia personal, el autor recuerda un año que fue relativamente tranquilo y en el mes de Mayo, por un asunto de poca importancia, ocurrió una huelga de las que se acaba de hablar. El día del incidente estaba en clase de segundo curso uno de aquellos alumnos cuya presencia era señal de algún “acontecimiento”. Personalmente el autor tenía muy buena relación con él. Le manifestó, extrañado, que no encontraba motivo proporcionado para convocar aquella huelga; respondió con toda sinceridad:
“Tiene Vd. razón, pero me ha de comprender: yo tengo una Beca de tal partido político para organizar unos cuantos actos revolucionarios cada año y este curso no ha habido casi nada de este tipo y estaba a punto de perder la Beca”. Con la muerte de Franco y la transición democrática cesaron todas estas tensiones aquí y en el resto de Universidades. Con todo, no sería justo olvidar el singular grupo de los “Anguilas” que, a finales de los 70 “animaron” el IQS. Como comentaremos más adelante, opinamos que en nuestros días los estudiantes se encuentran en las antípodas de lo que se acaba de describir.