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Prólogo
Las líneas que
siguen intentan ser un recuerdo de las personas que han ido
escribiendo la historia del IQS a lo largo de sus cien años de
existencia. El sistema que he utilizado ha sido partir de los
acontecimientos que van jalonando estos cien años y hacer
intervenir a sus protagonistas, situándolos en sus coordenadas de
espacio y tiempo, dentro de la historia de nuestro país y en el
entorno científico de cada momento; ya desde este instante quiero
excusarme de cualquier olvido involuntario.
He ido salpicando la historia con anécdotas que hacen más amena la
lectura y, a la vez, nos hacen ver la faceta más humana de las
personas. Creo también que esta manera de hacer representa tomarse
la vida con cierto humor, cosa muy necesaria en nuestros días y
muy buena para la salud. Bastantes de estas anécdotas las he
vivido personalmente en mis largos años de docencia en el IQS.
Otras tuve el placer de oírlas de labios de quienes habían vivido
al lado de los PP. Vitoria y Gil. Quiero mencionar en primer lugar
al H. David Riera, colaborador incansable de los dos primeros
Directores y fuente inagotable de recuerdos sobre hechos
anecdóticos de la vida del Instituto; igualmente quiero hacer
mención de las interesantes conversaciones tenidas con los PP.
Galmés, Sanz Burata, Ferrer Pi, Montagut, Queralt y Barrera, con
quienes he tenido la suerte de compartir Comunidad durante gran
parte de mis casi 50 años de vida en la Compañía de Jesús.
También quiero agradecer aquí a D. Bernardo Ferrández, excelente
cocinero y muy buen amigo, el hecho de que me ha aportado una gran
cantidad de información sobre la infraestructura existente durante
los primeros años de vida del Centro.
He de hacer una mención especial al alumno de doctorado de nuestro
Departamento, Sergi Colominas, que con una gran ilusión y una gran
profesionalidad ha preparado el abundante material fotográfico que
aparece en este libro: son muchas horas de dedicación que se hacen
acreedoras de mi más cordial felicitación y agradecimiento.
Finalmente quiero advertir que el estilo es muy familiar, lejos de
cualquier pretensión literaria, ya que para mí el IQS viene a ser
una ampliación de mi ámbito de familia. En efecto, cuando a los 20
años entré en la Compañía de Jesús, viví de 1955 a 1957 en
Roquetes, mientras hacía el Noviciado. Allí asistía a clase todos
los días en aquella misma aula en la que 50 años antes impartía
sus clases el P. Vitoria. Después, desde 1961, han sido 44 años
ininterrumpidos de docencia en el Instituto y, de esta forma, el
IQS, que fue testigo de mis primeros pasos como profesor, ahora
está contemplando ya mi jubilación.
Por todos estos motivos quiero dejar bien claro que para mí ha
sido un gran placer repasar la historia de esta Institución que en
el fondo ha representado revivir una buena parte de mi vida.
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